jueves, 12 de noviembre de 2009

Nuestra Señora de los 33


De cara a las elecciones


Hace algunos días, la prensa reproducía la exhortación de un sacerdote a no votar en estas elecciones a un partido político determinado porque incluía en su programa de gobierno la legalización del aborto, entre otras aberraciones morales. La política partidaria no es ámbito de acción de los sacerdotes, pero sí lo es la trasmisión de las enseñanzas de la Iglesia en materia moral y en concreto en relación al aborto. La solemnidad de la Virgen de los 33 es una ocasión providencial para reflexionar sobre el valor de la maternidad y de la vida. Si nuestras convicciones cristianas no se reflejan y manifiestan en lo concreto de nuestra vida y en nuestras decisiones no será más que un título, un cartelito vacío que llevamos puesto pero que no nos define radicalmente.
Los cristianos nos debemos únicamente a Dios y estamos llamados a dar testimonio de la Verdad en lo concreto de la vida. Actuemos en consecuencia.



Homilía del P. Párroco en la Solemnidad de la Virgen de los 33

Estamos viviendo de cara al 29 de Noviembre un tiempo de discernimiento vinculado a nuestra patria. Es el rol propio de los laicos el promover una cultura verdaderamente cristiana a través de la transformación de la sociedad mediante el ejercicio político. Y yo creo que esto no sólo debe darse a través del voto sino también enriqueciendo el debate público con la sana doctrina, defendiendo la fe y las buenas costumbres y promoviendo un accionar institucional basando en la virtud y en la verdad.

En este sentido, es significativa la imagen de Judit que nos presenta la liturgia y que prefigura a la Virgen de los 33. Ella se introduce hasta el corazón del territorio enemigo para combatir al enemigo y erradicar el mal en su raíz. María va al frente de los 33 en la “cruzada libertadora” que también combate a los invasores de la patria desde dentro.

Hoy como entonces es a ella, a María, a quien confiamos el bienestar de nuestra patria, que como veíamos en la carta de S. Pablo a Timoteo pasa también por las autoridades que gobiernan nuestro pueblo.

Es significativo y providencial que en este preciso momento, en que la maternidad ha sido tan maltratada, tan menospreciada, tan orgullosamente pisoteada en nuestro país, celebremos nuestra fiesta patronal, que es fiesta de la maternidad por excelencia, la de María que es madre de Dios, Madre de Jesús y de la humanidad toda. De cada uno de nosotros en particular Y es también providencial que en esta fiesta, la liturgia nos sitúe frente a este evangelio, que supone el encuentro entre dos mujeres embarazadas y en el cual sus hijos no nacidos no son actores pasivos sino los principales protagonistas.

El hijo de María, Jesús, es llamado “mi Señor”, el de Isabel, Juan el bautista, salta de gozo en su vientre, y capta antes incluso que la propia Isabel, la importancia de la visita. Pero lo más providencial y significativo en el contexto en el que vivimos, es esta bienaventuranza pronunciada sobre María: Feliz de ti porque has creído lo que te fue anunciado de parte de Dios.

Muchas veces los cristianos y más precisamente los católicos hemos hecho oir nuestra voz para defender los derechos de estos seres humanos sin voz. Muchas veces hemos sido nosotros los que recordamos a la humanidad la ilicitud del aborto que ahora incluso forma parte de programas de gobierno.

Pero esto no significa que la defensa de la vida humana sea sólo responsabilidad de los católicos. Sin duda para un católico, promover y legalizar el aborto voluntario implica situarse fuera de la comunión eclesial, no por decreto de la propia Iglesia, sino en el acto mismo de elegir algo que es intrínsecamente malo, que es ajeno a Dios y a la comunión con Cristo.

Los que defienden el aborto no se preguntan o simplemente asumen que antes de nacer el niño no es persona, es cosa. ¿Cómo podemos quedarnos tranquilos asumiendo sin investigar una opinión que de ser falsa le costará la vida a miles de seres humanos inocentes?.

Sin duda, no es lo único que está en juego en las próximas elecciones, pero es una parte importante, porque implica asumir el clamor de los que no tienen voz. Podríamos hablar igualmente de los valores familiares, de la educación de los niños, etc, etc.

El 29 de noviembre, habrá que elegir un nuevo ejecutivo. Alcemos la vista a Dios y pidamos la intercesión de María, nuestra madre, para que como Capitana y Guía nos conduzca por los caminos del bien, de la verdad y del amor. ¡Que María nos sostenga en el combate contra los poderes de este mundo, para que triunfe en nuestro corazón la Voluntad de Dios!

Dios bendiga a todas las madres, especialmente aquellas para quienes el niño que llevan en su vientre es un desafío que deben afrontar con valentía y con cruz.

“Proteje Oh Dios la tumba de tus libres, proteje a Nuestra Patria independiente que inclina ante Ti, tan solo, sólo ante Ti, la coronada frente”*.

Amen.

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