sábado, 21 de noviembre de 2009

Que Jesucristo sea el Único Rey y Señor de nuestra vida


Hoy celebramos la fiesta de Jesucristo Rey del Universo con la que coronamos y cerramos el año litúrgico. Celebramos que el Señor ha triunfado, que Cristo es Rey.
Pero ¿qué significa que Cristo es Rey?¿En qué consiste su Reino?
A menudo, respecto al Reino se nos han colado algunos errores, repetidos incluso por cristianos formados o todavía peor por sacerdotes y obispos. Quisiera por esto aclarar algunos de estos puntos y expresar el significado del Reino de Dios para nuestra vida concreta.
El primero de estos errores es que el Reino es algo que tenemos que construir, hablamos de construir el Reino, de la construcción del Reino. De hecho este error se remonta al tiempo de San Agustín, y el que lo sostenía era Pelagio. Por esto, a este error se lo llamó herejía pelagiana, que asume que nos salvamos no por la gracia de Dios sino por el esfuerzo humano. El hombre se salva por sí mismo, por sus obras.
La realidad es que el Reino ya está presente por el triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte, y por el don del Espíritu Santo. Cristo ya venció y el Reino es una realidad entre nosotros. También es verdad que el Reino no está en plenitud, está en desarrollo hasta que Cristo sea todo en todos y haya puesto a todos los enemigos bajo sus pies. Por esto pedimos en el Padre Nuestro que venga a nosotros Su Reino, que ese Reino sea pleno. El Reino viene, adviene y es algo que se recibe.
El Reino es la Salvación. Cristo nos ha liberado del Pecado, y nos da la gracia para resistir en nuestra vida las tentaciones y el mal. Depende si de nosotros y de nuestra libertad acoger o rechazar ese regalo de Dios y vivir conforme al Espíritu.
Un segundo error es que no sólo es algo que nosotros tenemos que construir sino que se identifica con un proyecto socio-económico determinado. El Reino de Dios sería la realización de una sociedad perfecta, justa, de unas relaciones humanas determinadas, una sociedad sin clases…Por esto, algunos situados en la herejía pelagiana, han encontrado en el marxismo un camino de acceso al Reino de Dios, paradójicamente sin Dios.
La justicia forma parte del Reino, pero no es una justicia impuesta por los hombres sino la de Dios y efectivamente quien acoge al Reino actuará con justicia, pero el centro está en la trascendencia, en Dios. Y ciertamente aunque lo económico forma parte de nuestra vida que debe ser camino hacia el Padre, esto es sólo un medio y no un fin. El horizonte y la plenitud de nuestra vida no es material, no pasa por satisfacer nuestras necesidades sino por entregar nuestra vida a Dios. Respecto de lo material deberemos usar de ello tanto y cuanto nos ayude a realizar la Voluntad de Dios.
Otro error frecuente es pensar que si los hombres rechazan el Reino, si rechazan la Salvación, entonces Dios fracasaría. Dios no fracasa. El hombre no puede darle ni quitarle nada a la plenitud de Dios. La victoria de Cristo es un ofrecimiento al hombre pero Dios se complace en su propia magnanimidad y misericordia. Si el hombre rechaza la gracia es malo solo para él. Atribuirle a Dios la frustración es ir un poco demasiado lejos con la similitud entre Dios y el hombre. Pero además, Cristo ha sido fiel y su fidelidad bien vale la creación del hombre. Y más allá de Cristo, la Iglesia reconoce en los Santos personas que han acogido la gracia y que Reinan junto a Cristo. También en ellos se complace Dios.
Finalmente hay otro error que quisiera abordar. Error menos frecuente en nuestra época que en otras pero igualmente presente. La Iglesia visible no es el Reino de Dios, el Reino de Dios excede los limites de la Iglesia y quizás algunos de los que forman parte de la Iglesia visiblemente no pertenezcan a ella de corazón.
Acoger el Reino en nuestra vida supone dejarnos guiar por el Espíritu Santo. Hacernos verdaderos discípulos de Cristo y como Él, poner a Dios como fundamento y horizonte de nuestra existencia. Como comunidad estamos llamados a convertirnos en testimonio y medio para que todos puedan acoger en su vida el Reino de Dios y con la ayuda de la gracia realizarlo en plenitud. El 5 de diciembre, en la asamblea parroquial asumimos un proceso de discernimiento con una pregunta básica: Como hacer para que la comunidad sea un ámbito donde acoger y celebrar el Reino de Dios, una Comunidad que ayude a todos y cada uno a realizar la Voluntad de Dios.

P.Rafael Pelufo SJ

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